Las reelecciones indefinidas vuelven al panorama político argentino. En el mayor distrito electoral, la provincia de Buenos Aires, 44 intendentes tienen más de diez años consecutivos en sus municipios y cuatro de esos jefes comunales acumulan casi un cuarto de siglo al mando de sus municipios. Esos últimos son los peronistas Mario Secco (Ensenada); Ricardo Curutchet (Marcos Paz) y Héctor Olivera (Tordillo) y el radical Miguel Angel Lunghi, de Tandil. Todos llegaron por primera vez a sus intendencias en 2003 y actualmente vuelven a estar al frente de sus municipios. Sobre un total de 135 intendentes, el 59 por ciento, puede presentarse a un tercer mandato en las elecciones de 2027.
La ley actualmente en vigencia, la 14.836, sancionada durante la administración de María Eugenia Vidal, establece que solo pueden ejercer dos mandatos consecutivos. Ante las quejas de que no podia ser retroactiva se modificó en diciembre de 2021 para que su validez fuera hacia adelante. La norma reformada (ley 15.315) determinó que serían considerados como “primer período” a los efectos de la reelección, los mandatos iniciados en 2017 para los diputados, senadores, concejales y consejeros escolares, y 2019 para los intendentes y legisladores electos ese año.
El caso jujeño
Como es de imaginar las intenciones de permanecer en un cargo no se limitan a una agrupación política ni a una provincia en particular.
Raúl “Chuli” Jorge (Unión Cívica Radical) es intendente de San Salvador de Jujuy desde fines de 2008 y todo apunta a que quiere renovar su cargo en los comicios de 2027.La constitución provincial, reformada en 2023, cuando Gerardo Morales estaba al mando de la provincia estableció que los intendentes duran cuatro años y pueden ser reelegidos por un período más, pero luego deben dejar pasar un mandato para volver a competir por el mismo cargo. El entonces gobernador había presentado la modificación como una forma de ponerle límites a las reelecciones indefinidas de intendentes, legisladores y concejales. Una cláusula transitoria permite que el actual mandato sea considerado el primero.
En este marco aparece Adriano Morone, un dirigente radical de 35 años que ya blanqueó su intención de disputar la intendencia y no descarta una interna. Además de la disputa de una candidatura, abre una pelea por el poder del radicalismo jujeño.
Jorge fue reelecto para un quinto mandato en 2023, antes de la reforma de la carta magna provincial, con lo cual este sería su primer período bajo esta norma, aunque viola, según comentan los propios radicales en Jujuy el espíritu de la carta magna provincial que establece dos mandatos. La discusión ideológica está a todo vapor en la provincia del norte.
Desde el interior del radicalismo hay una discusión más política ¿la renovación debe interpretarse solamente como el cumplimiento formal de un límite de mandatos o también como una decisión política de abrir paso a nuevos dirigentes? Esto se da ya que una reforma pensada para limitar eternizaciones en el poder convive con un dirigente que lleva casi 20 años al frente de la principal ciudad de la provincia. La magia de las normas convierte un quinto mandato en un primero.
Morone es un diputado provincial que construyó buena parte de su trayectoria dentro de la estructura partidaria. Fue secretario de Relaciones con la Comunidad del Ministerio de Seguridad de Jujuy y desde 2021 está en la Legislatura provincial.
A nivel partidario presidió la Juventud Radical de Jujuy y en diciembre de 2023 fue elegido presidente de la Juventud Radical Nacional, en una lista de unidad que contó, entre otros apoyos, con el de Gerardo Morales.
En 2025 encabezó la lista de candidatos a diputados provinciales del Frente Jujuy Crece y obtuvo el primer lugar en las elecciones legislativas, con una diferencia importante sobre La Libertad Avanza. El frente oficialista consiguió alrededor del 38% de los votos contra poco más del 20% de los libertarios.
Ahora apunta a la intendencia de la ciudad de San Salvador de Jujuy, la capital provincial En mayo de este año reconoció que tiene “un 10 de ganas” de competir por la capital y planteó la necesidad de discutir un nuevo modelo de gestión para la ciudad.
El dilema para el radicalismo jujeño es la pertenencia de Morone al oficialismo local con una trayectoria vinculada al radicalismo gobernante. La pelea con Jorge no significaría una renovación o pelea oposición-oficialismo si no una discusión al interior de un proyecto político en lo que sería una segunda etapa del mismo.
La definición de la candidatura afecta a la coalición de gobierno provincial, el Frente Jujuy Crece que aglutina a la Unión Cívica Radical y otras fuerzas políticas y que sostiene al gobernador Carlos Sadir. Además, como la capital concentra una parte sustancial del electorado provincial y constituye el principal bastión territorial del radicalismo el resultado de los comicios de 2027 tendrá impacto mucho más allá de las fronteras municipales.
Una posible interna partidaria por la intendencia no sería nada más que la definición de un nombre sino que pondría en discusión dos modelos políticos. De un lado, la continuidad de una gestión que gobierna la capital desde 2007. Del otro, la posibilidad de que una nueva generación de dirigentes tome el control de la principal estructura municipal del radicalismo jujeño.
El caso Ensenada
Mario Secco gobierna Ensenada desde diciembre de 2003. Llegó a la intendencia con el 44,8% de los votos y luego fue reelecto sucesivamente en 2007, 2011, 2015, 2019 y 2023. Antes de convertirse en jefe comunal había desarrollado gran parte de su trayectoria en el Sindicato de Trabajadores Municipales de Ensenada, donde llegó a ocupar la Secretaría General. Más de dos décadas después de su primera elección, se transformó en uno de los intendentes de mayor permanencia en el poder de toda la provincia.
Su caso tiene además peso en la discusión provincial porque Secco es uno de los intendentes políticamente cercanos al gobernador Axel Kicillof y uno de los dirigentes que quedarían impedidos de competir nuevamente en 2027 si continúa vigente el límite actual de dos mandatos consecutivos. Por eso, la discusión sobre una eventual modificación de la legislación no es abstracta: definiría directamente la posibilidad de continuidad de dirigentes con fuerte poder territorial como el intendente de Ensenada.
El caso Marcos Paz
Ricardo Curutchet también llegó a la intendencia de Marcos Paz en 2003 y desde entonces ganó todas las elecciones municipales en las que buscó renovar su mandato. Fue reelecto en 2007, 2011, 2015, 2019 y 2023, por lo que actualmente transita su sexto período al frente del municipio. Su construcción política se desarrolló alrededor de la Concertación por Marcos Paz, una agrupación integrada originalmente por distintas fuerzas vecinales, sociales y políticas.
A diferencia de otros intendentes históricos que construyeron su liderazgo dentro de grandes estructuras partidarias provinciales, Curutchet consolidó buena parte de su poder a partir de una experiencia política fuertemente local. En 2026 continúa ejerciendo la intendencia y puso entre los ejes de su gestión la discusión sobre una mayor autonomía municipal para Marcos Paz. Esa continuidad de más de veinte años lo convierte en otro ejemplo del contraste entre los límites formales introducidos por la legislación bonaerense y liderazgos territoriales que atraviesan varias generaciones electorales.
El caso Tordillo
Héctor Olivera es otro de los intendentes bonaerenses que llegó al poder municipal en 2003. El dirigente peronista construyó desde entonces una prolongada trayectoria en Tordillo, uno de los distritos menos poblados de la provincia. Durante ese recorrido tuvo también participación en organismos provinciales: en 2021 dejó temporalmente la conducción directa del municipio para desempeñarse al frente de la Autoridad del Agua bonaerense y posteriormente regresó a la intendencia.
En 2026 Olivera continúa formalmente como intendente de Tordillo y mantiene una estrecha vinculación política con la administración provincial de Axel Kicillof. Su situación también queda atravesada por el límite de mandatos: con la normativa hoy vigente integra el grupo de jefes comunales que no podrían presentarse nuevamente en 2027, salvo que la Legislatura bonaerense vuelva a modificar el régimen de reelecciones.
El caso Tandil
Miguel Ángel Lunghi representa la versión radical del mismo fenómeno. Médico de profesión y dirigente histórico de la UCR, llegó a la intendencia de Tandil en 2003 después de derrotar al justicialismo por un margen muy reducido y desde entonces consiguió mantenerse al frente del municipio durante más de dos décadas. Su trayectoria política es incluso anterior: había sido funcionario municipal en el área de Salud y concejal desde fines de los años ochenta.
Lunghi fue reelegido nuevamente en 2023 y atraviesa actualmente su sexto mandato consecutivo —algunas fuentes contabilizan siete períodos según la forma de contar el iniciado en 2003—, manteniendo a Tandil como uno de los principales bastiones territoriales del radicalismo bonaerense. Con la legislación vigente tampoco podría competir por otra reelección en 2027. Su caso vuelve a mostrar que la discusión no enfrenta simplemente al peronismo con la oposición: la permanencia prolongada en las intendencias atraviesa distintas fuerzas políticas y alcanza tanto a dirigentes peronistas como radicales.
