El ex embajador argentino en España Ricardo Alfonsín expresó su preocupación por el desarrollo de la inteligencia artificial sin mecanismos suficientes de regulación y sostuvo que los Estados deberían tener una participación activa para prevenir sus posibles consecuencias negativas.
En un texto publicado este domingo, Alfonsín señaló que distintos científicos y especialistas vienen alertando sobre los riesgos vinculados con el crecimiento acelerado de estas tecnologías. Entre ellos mencionó la posible manipulación de la opinión pública, la pérdida de puestos de trabajo debido a la automatización y escenarios de creciente autonomía de los sistemas de inteligencia artificial.
Según planteó, estas advertencias han abierto un debate internacional acerca de la necesidad de establecer límites, regulaciones e incluso eventuales pausas en determinados desarrollos tecnológicos. También destacó que referentes de la propia industria tecnológica han pedido la intervención de los gobiernos y algún tipo de coordinación internacional.
En ese contexto, Alfonsín apuntó directamente contra el presidente Javier Milei y el mandatario estadounidense Donald Trump, a quienes atribuyó una postura contraria a la regulación de la inteligencia artificial.
El dirigente recordó, en particular, posiciones públicas de Milei favorables a reducir o eliminar restricciones sobre el desarrollo de estas tecnologías y vinculó esa posición con el alineamiento político del Gobierno argentino con Estados Unidos. Se trata de una interpretación política expresada por el propio Alfonsín.
Para Alfonsín, la discusión no debería quedar limitada al ámbito científico o tecnológico, sino extenderse al conjunto de la sociedad.
“El debate debe profundizarse”, sostuvo en su publicación, al considerar que una mayor difusión pública de los riesgos asociados a la inteligencia artificial podría generar presión social en favor de una mayor intervención política.
El planteo se suma a una discusión que atraviesa a gobiernos, empresas tecnológicas, especialistas y organismos internacionales: hasta dónde debe avanzar la innovación y qué límites deben establecer los Estados frente a tecnologías con capacidad creciente para transformar el trabajo, la información y la vida cotidiana.
