El comicio del 83 y el legado de Alfonsín

La gesta de Raúl Alfonsín, exhibe a través de una mirada retrospectiva, diversos perfiles que se concatenan, con la significación del aniversario que hoy celebramos, rememorando el acto comicial y el categórico pronunciamiento del pueblo, consagrando Presidente de la república al candidato que convirtió en credo laico, el Preámbulo de la Constitución Nacional y que en ejercicio del honroso mandato, sentó las bases de una etapa en nuestro devenir institucional,  que dejando atrás la década de facto que sepultó la voluntad del pueblo; instaló las condiciones del no retorno al oprobioso pasado, con tal talento y determinación; que los principios democráticos cuya gestión reivindicó; no volverían a ser cuestionados, ni devaluados, ni proscriptos.

En dicho contexto; las valientes actitudes que asumió, las lecciones cívicas de su prédica fundada y convincente, y las inéditas resoluciones de gobierno que adoptó; resultaron un coherente e innovador conjunto de vanguardistas valores, que fueron generando una toma de conciencia a nivel de la ciudadanía en su totalidad, que trascendiendo legítimas individualidades partidarias y aventando parcialidades y reservas; tuvo el virtuosismo de  consagrar la convicción colectiva de que «nunca más», sería interrumpida la continuidad constitucional.   

La diversidad, riqueza y patriotismo de la entrega de Raúl Alfonsín, ha sido recordada y homenajeada en forma permanente y lo seguiremos haciendo en nombre de una evocación y gratitud sin solución de continuidad. Pero a la hora de celebrar el pronunciamiento de 37 años atrás, cabe poner de resalto que aquél comicio, cobró singular valor agregado a partir de la obra imperecedera que inauguró su inspirador -que bien vale la definitoria metáfora de «bisagra de la historia»-;  en tanto, cumpliéndose su utopía de garantizar para los tiempos, la vigencia plena de la soberanía popular, rescató el sufragio como única vía de acceso y periódica renovación de los Gobiernos que asumen la administración de la cosa pública, en el espíritu que consagra el Contrato Social, que la Democracia supone.

Por Ariel Dulevich Uzal

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