Por Juan Carlos Kozow (*)
A finales de la década del 60 el mundo estaba convulsionado, desde el mayo francés, la guerra de Vietnam, la primavera de Praga, la revolución cultural China, todo estaba cuestionado, los poderes eran discutidos por estudiantes, obreros y distintos movimientos políticos y sociales. Los años dorados del estado de bienestar entraban en crisis.
En esa época el país era gobernado por la dictadura cívico-militar del general Onganía (1966-1970) autodenominada Revolución Argentina. La que había derrocado al gobierno de Arturo Illia, con el apoyo de los grupos financieros, las corporaciones farmacéuticas y una gran parte de la dirigencia sindical (Augusto Vandor, José Alonso). La dictadura, cuya política económica, tomó una serie de medidas a fin de abrir los mercados internos a los monopolios internacionales.
En los primeros años de gestión se desactivó la Comisión del Salario mínimo, vital y móvil y se congelaron la mayoría de las remuneraciones. Se impuso el arbitraje obligatorio en los conflictos laborales y una ley de represión automática para huelgas y conflictos sindicales. Se intervinieron gran cantidad de sindicatos suspendiéndose sus personerías gremiales. El clima político y social generado por las determinaciones del gobierno fue agravándose paulatinamente, surgiendo en forma creciente actos de protesta y huelgas en todo el país.
Los primeros días del mes de mayo de 1969, existieron una sucesión de huelgas y asambleas sindicales organizadas por diversas corrientes de trabajadores y agrupaciones políticas cordobesas, los cuales fueron duramente reprimidos por la policía por orden de militares provinciales y nacionales. Lo singular del Cordobazo, es que no actuaron las organizaciones político-militares como Montoneros, ERP, FAR.
El 26 de mayo de 1969 el sindicalismo cordobés había decidido una huelga general de 37 horas, para los días 29 y 30 de mayo, en coordinación con el movimiento estudiantil contra la dictadura militar. Cuando el movimiento obrero estuvo organizado, se unieron a las movilizaciones las agrupaciones estudiantiles: del Movimiento de Orientación Reformista (MOR), Movimiento Universitario de Reformismo Auténtico (MURA, antecedente de la Franja Morada) y corrientes políticas de izquierda y de la Unión Cívica Radical.
El 29 de mayo avanzó la columna de la planta de Santa Isabel de la empresa IKA compuesta por unos 3.000 obreros sobre la ciudad de Córdoba. A las 12:30 de ese día se produjo la primera víctima fatal entre los integrantes de las columnas populares, Máximo Mena, un joven delegado obrero radical del sindicato de mecánicos SMATA (CGT). Su asesinato fue una de las causas inmediatas que desencadenó la rebelión popular conocida como Cordobazo.
El hecho provocó una reacción en cadena. Con incontenible furia, los manifestantes se adueñaron de la ciudad, levantando barricadas contra la policía, las que se vieron desbordadas y ampliamente superadas por la creciente irritación popular contra el régimen dictatorial, debiendo replegarse a sus cuarteles dejando la ciudad en manos de los trabajadores, estudiantes y vecinos.
La pueblada debilitó al gobierno militar y fue uno de los factores que llevó a la renuncia del dictador Onganía al año siguiente.
El Cordobazo es un hito en la historia argentina en defensa de los derechos y contra los despotismos. El Cordobazo nos muestra a miles de obreros y estudiantes unidos como protagonistas de la rebelión popular.
Existen dos nombres que fortalecen dicho momento histórico: Agustín Tosco y Máximo Mena.
Para uno es un orgullo llevar como estandarte la figura de Máximo Mena, porque es un emblema de lucha y defensa de los derechos de los trabajadores, síntesis de una Argentina de progreso, inclusión y movilidad social a favor de los sectores más desposeídos.
Una frase del gringo Tosco nos demuestra ese espíritu del Cordobazo: “Para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su compañero y su hermano.”
(*) Delegado sindical. Secretario General del Cuerpo de Delegados del Senado de la Nación.
